Fundación Comunalidad

La búsqueda de alternativas que permitan organizar e integrar a la sociedad para la transformación de condiciones que a nuestros ojos limitan su crecimiento, su creatividad, el logro de mayor bienestar, es la motivación que nos conduce a elaborar ideas, formular propuestas y realizar actividades.

La noción de “radio indígena” se pensó en un salón de clases, pero será hasta 1980 cuando toma forma en nuestras propuestas. En esta experiencia educativa (la de Guelatao, en 1977) participan varios personajes que años más tarde siguieron sobresaliendo en este curso de ideas y propósitos. Estuvo Juan José Rendón, quien ya había sido director general de Educación Indígena; Demetrio Saavedra, quien desempeñó varios cargos de carácter social; Fernando Melo, quien muchos años después será el responsable de la política indigenista en el estado; Víctor García, quien fue presidente municipal de Guelatao y hoy es oficial del Registro Civil, además de otros maestros en Matemáticas y en Español, cuyos nombres no recuerdo. Durante estos años se percibían aires de renovación en el Centro Coordinador Indigenista (CCI); recuerdo que la llegada del antropólogo Jesús Rubiell Lozano a este Centro permitió el saneamiento de una burocracia que estaba afectando el ánimo de los entonces promotores de Educación Indígena. Debemos aclarar que esta experiencia es distinta a la que se deriva y se concreta con la Coalición de Maestros y Promotores Indígenas de Oaxaca (CMPIO). La primera es regional, mientras que la segunda tiene relevancia estatal.

Nuestro empeño en la defensa de los bosques lo realizamos en primera instancia asesorando a San Pablo Macuiltianguis, en donde se fundó la primera empresa comunal forestal que aprovechaba solamente el encino, dado que en esos tiempos los bosques comunales estaban concesionados a Fapatux.

Con la integración regional para la defensa de los bosques surge la posibilidad de diseñar nuevos proyectos, uno de estos (y pensado en una educación comunitaria), fue el establecimiento de una radio. Un medio de comunicación que revalorara lo propio y encontrará la solución a viejos problemas, pero que además se sustentará en las preocupaciones y en la participación de todas las comunidades por medio de sus autoridades. Con este propósito y aprovechando la cercanía con un grupo de jóvenes recién egresados de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) diseñamos un programa de trabajo que permitiera que ellos hicieran sus tesis y que nosotros contáramos con un proyecto técnico para la creación de una emisora de radio.

Fue el gobernador Pedro Vásquez Colmenares, en 1982, quien se comprometió a apoyar el proyecto de radio. Pero el INI, representado por Pedro Martínez Lara, no tuvo los recursos para emprenderlo; entonces la gestión llegó hasta Margarita López Portillo, directora de la RTC (Radio, Televisión y Cinematografía).
La vida de la ODRENASIJ terminó en 1984 y el proyecto no fue concretado. Lo poco que se logró en materia de educación y cultura se redujo al establecimiento de media docena de salas de cultura, que significaban pequeñas bibliotecas con materiales educativos; experiencias que no se miran en la actualidad por ningún lado. No obstante en ese momento funcionaron como estímulo comunitario para una educación menos formal para los jóvenes con deseos en la lectura y sobre todo en el intercambio de experiencias. Es necesario aclarar que estas salas fueron resultado de un programa federal que la Organización aprovechó para ampliar su presencia en las comunidades.
La elaboración de contenidos que debían difundirse en la radio comenzó a gestarse desde esos tiempos. Éstos se obtuvieron mediante talleres de consulta a la par de las asambleas generales de la Organización, que mes a mes se realizaban en las comunidades integradas. El empeño era fortalecer la educación comunitaria por medio de la radio, reproduciendo lo propio, además de la información externa que se considerara adecuada para refrendar lo comunitario.


Desde que regresamos a la región en 1979, nuestro compromiso se fincó en apoyar a una comunidad (San Pablo Macuiltianguis) para el aprovechamiento de sus recursos. Sin adentrarnos en esta historia debemos señalar que nuestra preocupación era entender lo que sucedía en la comunidad, no sólo como una responsabilidad o exigencia académica sino en tanto compromiso común y corriente de alguien que desea saber qué hacer para entender y participar en un ámbito social que se le requiere. Resultaba fundamental saber cómo operaba esta comunidad el aprovechamiento de sus recursos naturales, bajo la premisa de considerar injusto que su economía no mejorara a raíz de la explotación de su naturaleza por agentes externos, fueran de gobierno o no. Macuiltianguis exigía para sí los beneficios forestales.

Desde la educación escolarizada que habíamos recibido, creíamos que resultaba lógico organizar a los trabajadores del monte para que éstos obtuvieran mayores ingresos por su trabajo y mejores condiciones para la realización de su labor. Sin embargo, la relación directa con la comunidad nos confirmó que los propietarios del bosque eran ellos, que las decisiones de vender o no su madera se tomaban en asambleas en las que participaban trabajadores del monte y otros ciudadanos (maestros, comerciantes, campesinos, etc.), es decir que las decisiones sobre la explotación del bosque eran negociadas por una asamblea general coordinada por un Comisariado de Bienes Comunales, elegido por la misma asamblea; no obstante, como comunidad estaba obligada por decreto presidencial a vender su madera a una sola empresa, Fábrica de Papel Tuxtepec (Fapatux). Entonces, el problema central no radicaba en las condiciones de trabajo de los cortadores sino en la obligada explotación que pesaba sobre la comunidad en su conjunto.

Entender esto cambió radicalmente nuestro pensamiento y, como consecuencia, nos vimos en la necesidad de proponer nuevos conceptos que permitieran explicar la realidad que teníamos enfrente. Si queríamos mejorar las condiciones de trabajo en aras del bienestar para los trabajadores lo importante era partir de la comunidad, porque era ella quien en su unidad podía conseguir mejoras, incluso romper relaciones con la empresa concesionaria, y no solamente los trabajadores, quienes no tenían una relación directa con la empresa Fapatux. Los cortadores eran asalariados de la comunidad, no de la empresa.
Descubrir la riqueza de la comunidad en relación con el aprovechamiento de sus recursos naturales, que a su vez poseía de manera comunal, nos abrió un espectro formidable de reflexión, no sólo en la economía sino también en la educación, en la salud, en la comunicación, etcétera. Dicho de otra manera, descubrimos que el control de la dinámica social estaba en la comunidad y como tal, la tarea era explicar su funcionamiento de ésta y exponer su pensamiento, entender a su comportamiento con base en conceptos nuevos. Fue por este medio que en 1979 propusimos el concepto de “comunalidad” para explicar el actuar y las razones que expone y ejercita una comunidad.

Este concepto quedó plasmado muy claramente en la actividad que manifestaron las comunidades integrantes de ODRENASIJ. Esta dinámica pudimos haberla entendido como la integración de individuos, de trabajadores partícipes en un proceso de producción forestal. Nunca la imaginamos como un sindicato, una unión de cortadores, una organización campesina o una instancia obrera al servicio de una empresa.
A la convocatoria emitida respondieron comunidades, esto por medio de sus representantes municipales, comunales, delegados, en fin; todos elegidos en una asamblea. Estaban ahí no sólo para demandar la solución de sus problemas sino porque su asamblea así lo había decidido. Podían ser profesionales, comerciantes, maestros, campesinos, burócratas, etc. No se trataba de un gremio, un núcleo de amigos, unas familias, no. En la reunión había todo tipo de representantes. En esto radica precisamente la importancia del concepto comunalidad. Es la organización en forma y en esencia, un estilo y un ritmo para comprender y debatir; es el todo y las partes.


1 comentario:

  1. Hola amigo Jaime.
    Saludos desde Chiapas
    soy Juan Carlos amigo de Rubén

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